Si no te gusta la navidad, puedes usar de excusa el covid para no asistir a las reuniones con tu cuñado pesado, o vacilón de turno…o el don perfecto, el listillo, el facha…el rojo…el graciosete, el quejica, la estirada, el vago…etc.
En definitiva ese familiar que, irremediablemente y por mucho que te lo propongas, te termina sacando de quicio, de un modo visceral y desproporcionado.
A pesar de que te calles por no liarla, te quedas con las ganas de montar un pollo o zanjas la cuestión internamente descalificando a este familiar: “es un gilipollas y punto
La crispación sigue viva dentro de ti y sueles terminar criticando a este familiar después de la reunión o en cuanto tienes la mínima ocasión.

Pues bien…eso es lo que llamamos en terapia…el pinche tirano…ese ayudante de cocina algo cabroncete…que nos pone delante las cosas que no tenemos resueltas dentro de nosotros, nuestros conflictos.
Admito que hay algún familiar que es realmente insufrible, sin embargo, como antes he dicho, todo aquello que no nos resulta neutro, o que nos provoca una reacción emocional desproporcionada, aquello de lo que te resulta imposible pasar, en realidad no está hablando del familiar en cuestión ni de su inaguantable personalidad, sino de aquellos aspectos nuestros que tenemos sin resolver.
Cuando hacemos crítica de alguien, decimos en terapia Gestal que estamos proyectando. El que proyecta, rechaza algunos aspectos de sí mismo y se los adjudica a los otros. Lo que una persona critica de otra siempre tiene que ver con el que juzga. Cuando señalas a alguien con un dedo, tienes tres dedos más apuntándote a tí.

En la proyección, de un modo inconsciente (a veces no tanto), conectamos con asuntos pendientes de nosotros mismos que no nos permitimos. Proyectamos y los colocamos fuera de nosotros, en los demás.
Los otros, si prestamos atención, nos hacen de espejo. Si estamos dispuestos a mirar, en vez de enfadarnos, podemos aprender algo valioso de nosotros mismos.
Por ejemplo una paciente me comentaba que la ponía “frenética” que su cuñada fuese tan grosera, incluso maleducada con algunos de los asistentes.
Esto en realidad le ponía delante la dificultad que tenía ella misma para poner límites a sus clientes, familiares y amigos. Se obligaba a ser amable con todos y en cualquier circunstancia, de forma compulsiva, aunque los demás no siempre lo fueran con ella.
Pudo ver que la dificultad para poner límites razonables a sus relaciones le generaba enfado y rabia hacia ella misma, y ella los redirigía (sin darse cuenta) hacia la cuñada que se permitía hacer aquello que ella se prohibía. (lo que le salía del moño vamos…!)
Otro me decía que era inaguantable un cuñado que no paraba de hacer preguntas, husmear en la vida de los demás y que no se le conocía trabajo alguno. Era un “vividor”, como él le llamaba.
Este paciente “casualmente”, llevaba a rajatabla las tareas y obligaciones del trabajo y familia. No tenía un hueco libre en su agenda y muy poca capacidad para el disfrute y el ocio “no programado” o que no tuviera una orientación productiva.
Hacía deporte para mantenerse sano, leía para aprender más…etc. Es decir, cero contacto con la espontaneidad y la diversión.
Su cuñado le ponía delante la necesidad de llegar a un término medio entre la vida desocupada, y la vida “sin vida” de mi paciente.
Gracias a este pinche tirano, pudo ver cómo el imponerse la obligación de ser siempre productivo y eficaz, le estaba causando problemas de ansiedad, estrés llevándole a la depresión.
El paciente estaba proyectando en el cuñado aspectos de sí mismo (el deseo de hacer cosas por puro placer), que no podía manejar y que le estaban provocando mucho sufrimiento.
Si decides no escaparte, o no te queda más remedio que acudir, tienes delante de ti la oportunidad perfecta para descubrir qué hay detrás de eso que tanto de exaspera.
De poder ver en un espejo en primera fila aquellos elementos negativos de ti mismo que te hacen daño, pero no te quieres desprender de ellos porque (cuidadoooo!) tienen que ver con nuestra importancia personal.
Bibliografía
“Terapia Gestalt. Teoría y práctica”- Fritz Perls
“Las enseñanzas de Don Juan”- Carlos Castaneda
